19 octubre 2017

Los filósofos de El Jueves

Pronto concluiré esta improvisada serie de crónicas, en realidad un catálogo, de los libros que he encontrado, y comprado, en el mercado sevillano de El Jueves de la calle Feria. Comencé relatando "mi agosto en El Jueves" [1], y luego he hecho un recuento de libros de religión [2], libros de derecho [3], y más tarde libros literarios, distiguiendo entre la literatura inglesa [4], los clásicos españoles [5], y los modernos [6]. Y llegado este momento me pregunto si habrá, entre los hipotéticos lectores, alguno que haya echado en falta los libros de filosofía. Están; aunque antes de listarlos me creo en el deber de decir algo sobre qué es filosofía, haciéndome la ilusión de que la pregunta pueda despacharse en unas pocas líneas.

Filosofía no es sabiduría. La sabiduría está al alcance de cualquier hombre o mujer que viene a este mundo, la filosofía no. La sabiduría tiene que ver con la vida; la filosofía, con el pensamiento. Tomemos el que a mí me parece, en nuestra cultura, el libro filosófico por excelencia, la Metafísica de Aristóteles. La filosofía parece, vista de puertas afuera, una práctica retórica, que subsiste en la tradición escolar de maestros y discípulos, y se expresa en la enseñanza y el diálogo, y acaba escrita en los libros que convencionalmente llamamos "libros de filosofía". La Metafísica es ni más ni menos que una recopilación de enseñanzas de escuela. Y luego, vista desde dentro, ¿qué es la filosofía? Hay quien se empeña en que la filosofía tenga un asunto propio, y creo yo que no lo tiene. Puede compararse la filosofía con el juego del ajedrez. El ajedrez es una representación esquemática de la guerra. Somos capaces de jugar al ajedrez porque los hombres somos polémicos, hacemos la guerra, o discutimos con el vecino. El ajedrez no acaba con ser un simple juego, porque para entenderlo es necesario que nos refiramos a la realidad última de la que el juego es esquema, la guerra, la polémica. No habría ajedrez si no hubiesen conflictos y guerras. La filosofía es también, como el ajedrez, un esquema de la realidad, que no se entiende sin referirnos a la realidad, a todo lo que existe (la mente, el universo, Dios, incluso los números). Por eso no hay nada que pueda decirse que sea el asunto propio de la filosofía, que no es posible comprender fuera de la realidad, como un simple juego autopoiético (si se me permite decirlo así). La Metafísica de Aristóteles, en consecuencia, es algo más, o mejor, algo distinto de eso "filosófico": es física, es matemáticas, es teología. Una filosofía atea es una filosofía deficiente, porque niega parte de la realidad, pero hay que aceptar que aún merezca el nombre de filosofía, es decir un esquema logrado o fallido de lo que existe.

Y después de este excursus, ahora la lista:

Bertrand Russell (1945), Historia de la filosofía occidental. La sabiduría de occidente. Traducción del inglés de Juan Martín Ruiz-Werner y Juan García Puente. Prólogo de José Barrio Gutiérrez. Con 97 ilustraciones. Madrid, Editorial Aguilar, 1973. Yo no lo usaría como "libro de texto".

Mario de la Cueva (ed.), Estudios de historia de la filosofía en México. Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), 1963. Los dos últimos capítulos son de Leopoldo Zea, sobre "Positivismo", y de Fernando Salmerón, "Los filósofos mexicanos del siglo XX".

Remi Brague (2006), En medio de la Edad Media. Filósofos medievales en la cristiandad, el judaísmo y el islam. Traducción de Antonio Lastra y Víctor Páramo Valero. Madrid, Ediciones Encuentro, 2013. Fue una oportunidad, comprado por 4 euros, usado, cuando en librerías, nuevo, cuesta 24 euros. Recopilación de artículos, que me parecen un tanto ligeros, no sé si merecen este desembolso. Compárese que la edición original francesa ¡cuesta sólo 10,20 euros! [Flammarion]. Sin comentarios.

Francisco Sánchez (1581), Que nada se sabe (De multum nobili et prima universali scientia quod nihil scitur). Prólogo de Marcelino Menéndez Pelayo. (No indica traductor). Madrid, Espasa Calpe, colección "Austral", 1972. Tiene su aquel, encontrar este libro en un mercado popular.

Stefan Zweig (1925), La lucha contra el demonio. Hölderlin - Kleist - Nietzsche. Traducción directa del alemán de Joaquín Verdaguer. Sobrecubierta y tapa de Will Faber (sobre este ilustrador, consultar la [Viquipèdia]). Barcelona, Editorial Apolo, 1946. La definición más graciosa que he encontrado de Stefan Zweig, es que fue autor de libros "para adolescentes de todas las edades" (for teenagers of all ages, [lrb]).

Giovanni Papini, Obras. Recopilación, prólogo y notas de José Miguel Velloso. Tomo IV. Religión / Filosofía. Traducción de Amando Lázaro Ros y Carlos Povo. Madrid, Editorial Aguilar, 1964. Incluye en la parte "filosófica", El ocaso de los filósofos, La otra mitad, Pragmatismo y Los amantes de Sofía. Giovanni Papini puede parecer que hubiese pasado de moda, aunque en realidad es ya un clásico de las letras italianas, y no cesa de reeditarse en España. Pero es verdad que traducido pierde garra.

Julián Marías (1956), Los Estados Unidos en escorzo. Madrid, Ediciones de la Revista de Occidente, colección "El alción", 1972. Producto de la experiencia de Marías en norteamérica, donde fue profesor visitante en algunas universidades de las costas este y oeste. Es un preanuncio de sus memorias, Una vida presente (1989), que me parece un libro capital de la cultura española del siglo XX.

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10 octubre 2017

Joaquín Romero Murube en El Jueves

Después de los clásicos [1], en este serial de los libros que he comprado en el rastro sevillano de El Jueves, han de seguir, por rigurosa lógica, los modernos, a modo de antiqui & moderni (ancients vs. moderns) [Swift]. Son los clásicos vivos, los que han vivido en nuestro tiempo. Para ilustrar esta entrada, estuve dudando si escoger alguna de las poquísimas fotografías de Juan Sierra disponibles en internet, o bien de algún otro escritor, que habría de ser con preferencia sevillano. Hay más abundancia gráfica del escritor Joaquín Romero Murube, por cuya elegante figura he optado. Respondía a la perfección al arquetipo de sevillano fino y frío (según definición de Miguel de Unamuno, que no caigo ahora donde lo dijo). En la fotografía de aquí, aparece con el periodista Nicolás Salas, que está irreconocible de tan joven, y de tan delgado [Salas]. Y pues estoy cansado, con pocas ganas de pensar, paso sin más preámbulo a la crónica, que esta vez sigue el orden de publicación de cada libro:

Joaquín Romero Murube (1938), Sevilla en los labios. Prólogo de Eduardo Llosent y Marañón [fcmh]. Ilustraciones de José Narro [fce]. Barcelona, Luís Miracle editor, 1943 (2ª ed.). Con esta edición original, ya he progresado en mi colección, después de dos facsímiles, uno pobre y en blanco y negro del editor Castillejo (1991), y otro más respetuoso, a dos tintas, de la Fundación de Aparejadores (1977). Los derechos de edición del libro fueron cedidos por la viuda del escritor a la Bolsa de la Caridad de la Hermandad Sacramental de María Santísima en su Soledad (parroquia de San Lorenzo), a la que estuvo vinculado, y que en 1995 editó en estuche algunos otros de sus libros [Soledad].

Miguel García Posada, El paraíso y las hachas. Ayuntamiento de Arcos de la Frontera, colección de poesía "Alcaraván", 1967 (colección al cuidado de Antonio y Carlos Murciano). Dibujo del poeta hecho por Sancha. Viñeta de Moreno Galván. Con este librito es lo más cerca que he estado de pescar una primera edición de algo. Pese a todo, le tengo más cariño, del escritor y crítico Miguel García Posada, a su edición de 40 años de poesía española. Antología 1939-1979 (Madrid, 1988), que me dedicó al finalizar una conferencia el año 1990. Sobre el pintor y poeta Francisco Moreno Galván, [Puebla].

Camilo José Cela (1948), Viaje a la Alcarria. Las botas de siete leguas. "Nota a esta edición", fechada en Madrid, 16 de octubre de 1952. Madrid, Espasa Calpe, colección "Austral", 1967. Echo de menos esta inconfundible colección Austral, que hoy ha perdido su identidad, aunque siga siendo el ideal de los libros baratos.

Vicente Aleixandre (1956), Mis poemas mejores. Madrid, Editorial Gredos, "Antología Hispánica", 1977. Cuarta edición aumentada, que llega hasta los Diálogos del conocimiento (1974). El mérito de esta edición es que es una selección comentada por el propio poeta.

Leopoldo de Luís, Vida y obra de Vicente Aleixandre. Prólogo de Ramón Garciasol. Madrid, Espasa Calpe, "Selecciones Austral", 1978. El relato de la vida llega hasta el premio Nobel. La obra, de nuevo, hasta los Diálogos del conocimiento.

José Luís Cano (ed.), El tema de España en la poesía española contemporánea. Antología. Madrid, Taurus ediciones, 1979 (la primera edición se publicó en la editorial de la Revista de Occidente). La antología se abre con el poema "A España" (1928), de don Miguel de Unamuno. Del editor prefiero su Antología de la nueva poesía española (en la editorial Gredos, primera edición de 1958), o la Antología de poetas andaluces contemporáneos (Ediciones Cultura Hispánica, 1952), que la edición de 1978 me costaría en la librería Padilla, enfrente de la Anunciación, cosa de 400 pesetas o por ahí (cuando en España aún había pesetas).

Juan Sierra González, Sevilla en su cielo. Sevilla, Junta Municipal del Distrito III - Triana, 1984. Este sí que es un libro inencontrable, muy apreciado, junto con los libros de poesía: La edición de los Poemas Juan Sierra en Comares, de 1992, está desaparecida de las librerías desde entonces, pero aún se encuentran ejemplares de su último libro de versos, Álamo y cedro (Sevilla, Renacimiento, 1982). Sevilla en su cielo, que son sus prosas, me la vendió un viejo por 7 euros. Suerte. "Reunir en un volumen algunos artículos míos, publicados en la Prensa, ha sido la razón de este libro. En él se imprimen notas y recuerdos de Sevilla, la ciudad en la que residí la mayor parte de mi vida... Si en algo he logrado con lo escrito dignificar y enaltecer a Sevilla -que tanto tiene de bueno- me alegro de todo corazón y doy gracias a Dios por mi trabajo" (del prólogo). Sobre Juan Sierra (1901-1989), [Abc]. A ver si el Excmo. Ayuntamiento se acuerda de él, y de los sevillanos amantes de la poesía, y reedita (pienso que con autorización de sus herederos) sus versos y su prosa, obra bien corta, pero brillantísima, modelo lacónico, como la de Romero Murube, del sevillano fino y frío.

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05 octubre 2017

Martí de Riquer en El Jueves

Continúo con la descripción de libros que he comprado en el rastro sevillano de El Jueves. Preceden, en artículos anteriores, los libros de religión [1], los libros de leyes [2], y la literatura inglesa [3]. Y ahora le toca el turno a los clásicos, que son para mí la literatura escrita en lengua castellana o española. Jorge Luís Borges ha definido a los clásicos en un ensayo célebre, aunque yo no voy a repetir ahora su definición, pero sí recordar su cautela de que "las coincidencias o novedades importan menos que lo que uno cree verdadero" [Borges]. Yo los defino a los clásicos como los libros que siempre tendremos con nosotros. Verdad es que no hay metro de medir el clasicismo, y que cada lector tiene sus preferencias. Si es unánime, o la preferencia es del mayor número, tenemos ahí un clásico (J. L. Borges ya lo es). Cuando repaso la lista de títulos que sigue a continuación, me llama la atención que se componga en gran parte de libros marginales. Pero no tanto, pues cuento hasta tres libros cervantinos, que es el clásico por excelencia. Si  los clásicos están en todas partes (véase el caso del Quijote), no parece que sean de venta sencilla en una feria. En estos lugares se reclama la atención con los libros exóticos, populares o procaces. Pero juzgue el lector sobre estos libros, que reseño por orden de antigüedad:

Alfonso El Sabio, General Estoria. Tercera parte. IV. Libro de Salomón: Cantar de los Cantares, Proverbios, Sabiduría y Eclesiastés. Edición de Pedro Sánchez-Prieto Borja y Bautista Horcajada Diezma. Madrid, Editorial Gredos, Biblioteca Románica Hispánica, 1994. Texto a doble columna de la versión castellana alfonsí y de la latina de la "Biblia de París", texto corrompido de la Vulgata vigente en la Sorbona en el siglo XIII. Es un testimonio del "romanceamiento bíblico medieval".

Ramón Menéndez Pidal (ed.), Textos medievales españoles. Ediciones críticas y estudios. Obras de R. Menéndez Pidal, tomo XII. Madrid, Espasa Calpe, 1976. LI láminas. La edición reproduce obras tales como la Disputa del alma y el cuerpo, o el Auto de los Reyes Magos, hasta el Poema de Yúçuf.

Samuel G. Armistead, Joseph H. Siulverman, Tres calas en el romancero sefardí (Rodas, Jerusalén, Estados Unidos). Con un prólogo de R. Menéndez Pidal. Traducción parcial de Iacob M. Hassán y Selma L. Margaretten. Transcripciones musicales y estudio de Israel J. Katz. XII láminas. Glosario de turquismos, hebraísmos y formas judeo-españolas poco usuales. Valencia, Editorial Castalia, 1979. Edición de romances sefardíes tomando como referencia el testimonio de manuscritos aljamiados, y de judíos sefardíes de Europa oriental refugiados en los EEUU.

Fernando de Rojas (1491), La Celestina. Introducción y notas de Juan Mateos. Barcelona, Ramón Sopena Editor, s.f. (¿1920?). El editor defiende que el bachiller Rojas fue el único autor de toda la Comedia de Melibea. En contra, hoy, Govert Westerveld [laopinión].

Fray Antonio de Guevara (1539), Libro primero de las Epístolas Familiares. Tomo II. Edición de José María de Cossío. Madrid, Aldus Artes Gráficas, colección "Biblioteca Selecta de Clásicos Españoles", 1952. Impreso a expensas de la Fundación Conde de Cartagena. La última de las epístolas, la que hace la número 43, "Letra para el Abad de Compluto, en la qual se declara por qué Dios da tribulaciones a los justos", en latín.

Miguel de Cervantes Saavedra (1585), Primera parte de la Galatea. Dividida en seis libros. Dirigida al ilustrísimo señor Ascanio Colonna, Abad de Santa Sofía. Barcelona, Ramón Sopena Editor, s.f. El libro tiene firma de su primer propietario, "Octubre 1º de 1917", una edición contemporánea de la revolución bolchevique. Está viejo, pero tiene bellas ilustraciones.

Martín de Riquer, Aproximación al Quijote. Prólogo de Dámaso Alonso. Biblioteca Básica Salvat de los libros RTV, 1970. Esta de R.T.V. fue una colección de libros populares y baratos, que aún sobrevive dignamente en los mercadillos. Este de Riquer, que me costó 1 euro, es la recuperación del mismo que leí en el bachillerato, que había extraviado. A Martí de Riquer, filólogo catalán y académico de la española [rae], se le debe un librito delicioso, Cervantes en Barcelona (1989).

Miguel de Cervantes Saavedra (1615), Novelas ejemplares. Edición ilustrada. 16 grabados en negro y 14 cromotipias. Barcelona, Editorial Ramón Sopena, colección "Biblioteca Hispana", 1956. Bonita edición, con el texto mondo de las novelas, sin notas ni introducciones, ni nada de eso. Le plaisir du texte. Incluye la novela de "La tía fingida", que no tengo motivos para negársela a Cervantes (las primeras líneas y el aire de vodevil, o entremesil, de la historia, son inconfundiblemente cervantinos), aunque me parece flojita, como de autor joven y primerizo, que no resiste la comparación. Con razón Cervantes la excluiría de la edición de 1615. En cierto modo, Miguel de Cervantes también ha sido víctima de los papeles inéditos que todo autor guarda imprudentemente en el cajón.

Lope de Vega (1612), Pastores de Belén. Refundión y prólogo de Rafael Olivares Figueroa. Ilustraciones de Juliá Riu. Barcelona, Editorial Juventud, 1960 (1ª de 1941). "Aunque me pareció adolecía de graves inconvenientes para ser colocada en manos de niño, la reiterada lectura y meditación hubieron de llevarme al convencimiento de que si, con cuidado, se eliminaban de ella los pasajes que, por su  oscuridad, pesadez, crudeza o descuido, lo tornaban anti-infantil, sin que se quebrantase la unidad ni se deformase la gala del estilo, los Pastores de Belén se tornarían en uno de los más bellos libros para la infancia..." (del prólogo de R. Olivares Figueroa, fechado en Córdoba, Navidades de 1935 [Dialnet]). Sobre el ilustrador [gec]. Es mi última compra en El Jueves, una invitación a la ternura y a la bella esperanza.

Joaquín de Entrambasaguas, Vida de Lope de Vega. Con 16 láminas. Barcelona, Editorial Labor, colección "Pro Ecclesia et Patria", 1942 (1ª de 1936). Una biografía subyugante, que recomiendo, ahora que todavía puede encontrarse en las librerías de viejo a precio barato.

Enrique Gil y Carrasco (1844), El señor de Bembibre. Nota preliminar de Federico Carlos Sáinz de Robles (donde dice que "es la más bella novela histórica de nuestra literatura"). Madrid, Editorial Aguilar, colección "Crisol", 1944. De ocasión. Los libros "Crisol" son un clásico de los libros viejos (es cierto que unos títulos más demandados y cotizados que otros). Este tiene la curiosidad de haberse publicado el año del centenario de la novela (1844-1944).

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29 septiembre 2017

Kipling en El Jueves

Continúo con este serial impremeditado en que reseño los libros que he comprado en el rastro sevillano de El Jueves. Ya me he referido a esa categoría equívoca de los libros de curas, o simplemente de religión [1] y luego a la bibliofilia jurídica, es decir los libros de leyes [2]. Ahora toca los libros por excelencia, los libros literarios, que son los productos del arte de la palabra, materia de los libros. Esos son, de hecho, los grandes géneros de libros. Cualquier cosa puede estar en los libros, porque son una imagen de la mente, y por tanto una imagen del universo (porque la mente refleja el universo como si fuese un espejo). De esto trata un hermoso librito, que recomiendo, del neurólogo mexicano José Luís Díaz Gómez, Frente al cosmos. Esbozos de cosmología cognitiva [Herder]. El universo como libro es una metáfora antigua, que puede hallarse en San Agustín. Por eso los libros de esta baja esfera sublunar aspiran a representarnos todo lo que hay en el mundo.

Ese gran monumento literario al que llamamos con toda propiedad la Biblia, esto es los libros, reúne todos los géneros de libro. Es a un tiempo un libro religioso, porque contiene la revelación del Señor Altísimo, y es un libro jurídico, porque recopila las leyes del pueblo de Israel, y por eso la Torah se llama o Nómos en el griego de los LXX. La Biblia es también un maravilloso libro literario, que relata la historia de Israel y de los primeros padres; y en fin, también es un libro científico, porque representa las ideas cosmogónicas del pueblo, comenzando por el grandioso relato de la creación del mundo: in principio creavit Deus caelum et terram, Bereshit bara Elohim et hashamayim ve'et ha'arets.

Son muchos los libros literarios, recreativos, que he encontrado en El Jueves. Así que he decidido repartirlos por materias, y comenzar, algo caprichosamente, por la literatura inglesa. Parece sorprendente que en un mercado local de cosas viejas, aquí en la Sevilla profunda, se encuentren libros ingleses, pero es así de cosmopolita esta feria. Los presento por orden de antigüedad de los autores:

Fourteenth Century Verse & Prose. Edited by Kenneth Sisam. Includes a Middle English vocabulary by J.R.R.Tolkien. Oxford, at the Clarendon Press, 1964 (first published 1921). Antología literaria de autores de inglés medieval, por ejemplo unos fragmentos de Sir Gawain and the Green Knight. "Chaucer, who suffers when read in extracts, is not represented in this book, although without him fourteenth-century literature is a body without a head".

Washington Irving (1832), Tales of the Alhambra. With and introduction and notes by Ricardo Villa-Real. Granada, Editorial Padre Suárez, 1965. Muchas láminas de Granada y la Alhambra. La cubierta reproduce un óleo del pintor orientalista granadino Gabriel Morcillo Raya (1887-1973), "El príncipe Ahmed". De este libro ya he hablado [aquí].

Rudyard Kipling (1894), The Jungle Book. With illustrations by J. Lockwood Kipling and W.H. Drake. London, MacMillan and Co., 1932. "Many older editions of Rudyard Kipling's books have a swastika printed on their covers associated with a picture of an elephant carrying a lotus flower, reflecting the influence of Indian culture. Kipling's use of the swastika was based on the Indian sun symbol conferring good luck and the Sanskrit word meaning "fortunate" or "well-being". He used the swastika symbol in both right- and left-facing orientations, and it was in general use by others at the time. In a note to Edward Bok written after the death of Lockwood Kipling in 1911, Rudyard said: "I am sending with this for your acceptance, as some little memory of my father to whom you were so kind, the original of one of the plaques that he used to make for me. I thought it being the Swastika would be appropriate for your Swastika. May it bring you even more good fortune." Once the Nazis came to power and usurped the swastika, Kipling ordered that it should no longer adorn his books. Less than a year before his death, Kipling gave a speech (titled "An Undefended Island") to The Royal Society of St George on 6 May 1935, warning of the danger which Nazi Germany posed to Britain" [wikipedia].

G. K. Chesterton (1923), San Francisco de Asís. Traducción del inglés de M. Manent. Barcelona, Editorial Juventud, 1945. Reimpresión de la primera edición española de 1925, temprana traducción de la biografía publicada por Chesterton en 1923. Láminas con iconografía franciscana. El ejemplar tiene sello de la desaparecida "librería religiosa Eulogio de las Heras, Sierpes 13, Sevilla". Por otro lado, parece oportuno recordar aquí la figura del traductor, el eminente escritor catalán Mariá Manent y Cisa [AELC].

Virginia Woolf (1929), A room of one's own. London, The Hogarth Press, 1974 (fifteenth impression). Ejemplar con cubierta diseñada por la hermana, Vanessa Bell. "This essay is based upon two papers read to the Arts Society at Newnham and the Odtaa at Girton in October 1928". Leo que la Odtaa era una sociedad o club literario de Cambridge. Es un clásico de los gender studies, del que he hablado ya de refilón [aquí]. Es infinitamente preferible leer el elegante original inglés, repleto de ironías y humorismo, que no las insípidas traducciones castellanas que hoy se encuentran en librerías. No puedo comentar ahora este sugerentísimo ensayo, por falta de tiempo y espacio. Es muy conocido el pasaje en que Virginia Woolf especula sobre una hipotética Judith Shakespeare, hermana de William, y que a mí me parece que encierra algún sofisma (porque es evidente que no conocemos ninguna obra de una tal Judith Shakespeare). 

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22 septiembre 2017

Bibliofilia jurídica, teoría y práctica

Mi serial sobre libros del rastro sevillano de El Jueves, que puede leerse en este [enlace], quedaría manco, es decir, defectuoso o falto de alguna parte necesaria, si no me refierese a otro clásico de los libros de barato, que son los libros de leyes, en su más amplio sentido; esos libros que los estudiantes, cuando termina el curso, mandan sin miramientos a la basura o, como dice la canción "Triste y sola", empeñaban en el Monte de Piedad. Los libros jurídicos caducan muy pronto, y hoy su valor informativo está muy relativizado con la potencia de las bases de datos electrónicas. El libro jurídico, en su sentido clásico, aquel que se lee y se estudia, debe estar más ligado a las humanidades, a la reflexión, y por tanto se ha de valorar la antigüedad. Los juristas de todos los tiempos sabían que el derecho es mudable, y así lo dice Santo Tomás de Aquino: lex recte mutari potest propter mutationem conditionum hominum (S.Th. I-II, q. 97, a. 1 [Corpus]). Luego si mudan las leyes, los libros de leyes, que son objetos físicos, quedarán siempre atrás, designio que disgustaba al antijurista Julius Hermann von Kirchmann. Parece que nada hay más mostrenco que un viejo código caducado, o un libro jurídico de tiempos pasados. El bibliófilo jurídico conoce esta condición pasajera, efímera, del libro de leyes, y la valora, porque también es hermoso el espectáculo del derecho moviéndose y cambiando a lo largo del tiempo, y sin embargo permaneciendo en su esencia (valga esta expresión refinada).

En el mercado de El Jueves, desde luego, hay de todo lo que pueda imaginarse en materia de leyes, y algunos ejemplares buenos he encontrado, sin haber pretendido hallar ninguna pieza de valor desmesurado en el mercado del libro antiguo. Por ejemplo, un Code civil anoté d'aprés la doctrine et la jurisprudence (Paris, Librairie Dalloz, 1925), que Luís Andújar, un clásico del mercado [Diario], me vendió "de regalo" (yo lo creo) por 5 euros. O la primera edición del Derecho agrario (Revista de Derecho Privado, 1965), del notario Ballarín, que ha muerto el año pasado [EuropaPress], incluso unas Instituciones de derecho mercantil (Madrid, Imprenta de Aguirre, 1943) de Joaquín Garrigues, o el Derecho internacional privado (Barcelona, Labor, 1936) de Martin Wolff. Un panorama muy variado en el que el bibliófilo jurista puede entretenerse.

Mis últimas adquisiciones jurídicas en El Jueves me parecen muy interesantes, e ilustran bien, pienso, el sentido y valor del libro jurídico antiguo. Uno es la monografía sobre El Adulterio, del Dr. M. Enrique de Carmona (Barcelona, Dux Ediciones, 1955?), que en su quinta parte contiene una curiosa "casuística del adulterio" (adulterios históricos, casos curiosos, o jurisprudencia desde 1871 a 1954). Hoy se comete adulterio como en el pasado, aunque tenga ya un valor jurídico más limitado (hoy no es delito, por ejemplo, al menos en España). Es un ejemplo de "libro jurídico antiguo". El otro libro es La bipartición del proceso civil romano, tesis doctoral por José Aparici Díaz, "profesor auxiliar de derecho romano en la Universidad de Sevilla" (Sevilla, Imprenta Suárez, 1946). "Leída esta Tesis para el grado de Doctor, el día 18 de octubre de 1945, en la Facultad de Derecho de la Universidad de Madrid...". De D. José Aparici tengo un recuerdo entrañable, pues fue el primer profesor del que recibí una lección en la facultad, allá por el primer curso de 1982, y siempre repito el primer aforismo juridico latino que nos enseñó: pacta sunt servanda.

14 septiembre 2017

Libros de curas

Voy a seguir relatando los libros que he comprado en el mercado de El Jueves (que es algo así como el rastro de Sevilla), y me ha parecido bien hacer ahora una relación de los libros de curas que he encontrado allí. Es una categoría esa, la de "libros de curas", un tanto chistosa, vaga e imprecisa, porque no hay libraco del que no se pudiera decir que alguna vez había sido de un cura. Pero esto lo ha contado con mayor autoridad y chispa el librero anticuario sevillano Abelardo Linares, en una entrevista (que se puede leer [aquí]), donde contaba:

"...Mientras estudiaba Filología en Madrid, a principios de los setenta, se me ocurrió que vender libros en el rastro era un buen modo de comprar libros para mí y hacerme mi propia biblioteca. Todos los domingos, a eso de las siete de la mañana, montaba con mi novia de entonces un pequeño puesto en el Campillo del Mundo Nuevo y luego me daba una vuelta para ver qué novedades estaban sacando los otros vendedores y comprar lo que pudiera para luego revenderlo. El Jueves de la calle Feria también solía ser estupendo en esos años. Recuerdo una mañana en la que habían dispuesto en la plaza de Montesión una gran montaña de libros en pergamino del siglo XVIII y principios del XIX que vendían a diez pesetas, dos duros, al grito de "libros de curas, libros de curas...".

A mí oír eso de los libros de curas me hace mucha gracia, porque sigue oyéndose en El Jueves, aunque los vendedores se han renovado y ahora dicen ¡más barato que en internet!, pero también aquello tan castizo de ¡no se mete la mano en el bolsillo ni pa' rascarse! Parece lógico hablar de libros de curas, porque hubo un tiempo en que un cura era personaje con fama de instruído y leído, que al fallecer naturalmente dejaba a sus deudos un montón de libros y papelotes. Y había quien mal interpretaba aquello de la limosna para el culto, pensando que quería decir limosna para el señor cura, porque el cura solía ser la persona más culta del lugar.

Bromas aparte, en El Jueves me he hecho estos años con una buena colección de ejemplares de esa categoría tan chusca y equívoca de libros de curas, por lo común de teología, escritura y cánones. Me gustan, y estoy contento de mi fortuna de coleccionista. Por eso creo que merece la pena que haga una lista de los que, por azar, sin buscarlos, han ido llegando a mis manos, a precio ventajoso. También es cierto que estos libros religiosos, o simplemente de curas, son particularmente abundantes en El Jueves, por algo será. La relación que hago sigue el orden cronológico usual de publicación.

Rmo. P. Phelipe Scío de S. Miguel, de las Escuelas Pías, obispo electo de Segovia, La Biblia Vulgata latina traducida al español,  anotada conforme al sentido de los Santos Padres y expositores cathólicos. Segunda edición. Tomo XII del Antiguo Testamento. La Prophecía de Isaías. Madrid, en la imprenta de don Benito Cano, MDCCXCVI. 380 p. Texto a doble columna, latín y castellano. Me costó sin regatear 14 euros, comprada a un gitano de la plaza de los Maldonados. La estrella de la colección.

Fray Luís de León (1583), La perfecta casada. Madrid, librería católica de Gregorio del Amo, 1906. 225 p. Edición en piel y cantos dorados.

Santo Aurelio Agostino, Le Confessioni, volgarizzate da Monsignor Enrico Bindi, vescopo di Pistoia e Prato. Edizione riveduta, corretta e aumentata del volgarizzamento della vita del Santo scritta da Possidio. Firenze, G. Barbèra, Editore, 1909. 408 p. Con esta ya puedo decir que colecciono ediciones de las Confesiones, que añado a la castellana de José Cosgaya, en la B.A.C. (1986), y la inglesa de William Watts de 1631, editada con el texto latino en la Loeb Classical Library.

John Bunyan (1678), The pilgrim's progress. Edited with an introduction and notes by Ernest C. Noyes, professor of English, Normal English School, Pittsburgh. New York, Charles E. Merrill Co., 1910. 306 p. No se puede llamar a este "libro de curas", sino tal vez de la devoción del pueblo inglés, aunque me ha parecido bien inclurlo aquí.

The Treasury of the Sacred Heart. With Epistoles and Gospels for the Sundays and Festivals of the Year. Revised and corrected by an Irish Jesuit Father. Cork, W. Egan & Sons Ltd, 32 Patrick Street, Cork, 1923. 414 + 114 p. Precedido de "Table of Movable Feasts" (calendario de fiestas móviles eclesiásticas). Un bello devocionario a dos tintas, con textos paralelos en inglés y latín.

V.P. Fr. Diego de Estella (1574), Tratado de la vanidad del mundo, que compuso el V.P. Fr. Diego de San Cristóbal, conocido por el apellido Estella, su patria, en el reino de Navarra. Tomo I. Madrid, Administración del Apostolado de la Prensa, 1925. 552 p.

Prof. Dr. W. Votsch, de Magdeburgo, Gramática latina. Traducida de la reimpresión alemana por el Prof. Domingo Miral y López, de la Universidad de Zaragoza. Barcelona, Editorial Labor, 1926. 170 p. Ejemplar curioso, que procede de expurgo de la biblioteca de un seminario diocesano.

P. Constantino Bayle, S.J. (1918), La Predicación Sagrada, según los documentos pontificios y doctrina de los Santos Padres. 2ª ed. Barcelona, Tipografía Católica Casals, Calpe 108, 1933. 292 p. "Imprímase, Manuel, Obispo de Barcelona" (el Dr. Manuel Irurita Almandoz). El libro está firmado y fechado en el "Curso IIIº de Sgda. Teolog. 1944-1945", por un seminarista, que alcanzó a ser prelado, ya fallecido. La divina providencia me ha constituído en custodio de este libro.

Santo Tomás de Aquino, La Ley. Versión castellana y notas explicativas del Prof. Constantino Fernández Alvar, del Instituto Internacional "Angelicum". Barcelona, Editorial Labor, 1936. 250 p. Incluye el texto latino del "Tratado sobre la Ley", quaestiones XC-XCVII de la Prima secundae. Última de mis adquisiciones (con el libro de Jaime Balmes), este jueves 14 de septiembre de 2017.

Giovanni Papini (1921), Historia de Cristo. 11ª ed. Madrid, Ediciones Fax, 1948. 548 p. Imprimatur, Casimiro, Obispo Auxiliar y Vic. Gen., Madrid, 13 de diciembre de 1947. Pequeña edición elegante en piel.

Jaime Balmes, Obras completas, tomo I. Prólogo, ordenación, revisión y notas de M.R.P. Basilio de Rubí, O.F.M, cap. Edición conmemorativa del centenario (1848-1948). Barcelona, Editorial Selecta, 1948. 1593 p. Precioso volumen en piel, este tomo contiene las obras El Criterio, Curso de filosofía elemental, La religión demostrada al alcance de los niños, Cartas a un escéptico en materia de religión, La civilización, El protestantimo comparado con el Catolicismo en sus relaciones con la civilización. Última de mis adquisiciones (con el libro de Santo Tomás de Aquino).

F.J. Sánchez Cantón, Nacimiento e Infancia de Cristo. Los grandes temas del Arte Cristiano en España. Serie Cristológica, tomo I. Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1948. 192 p., 304 láminas en sepia.

José María Pemán, de la Real Academia Española (1933), El divino impaciente. Poema dramático en verso, dividido en un prólogo, tres actos y un epílogo. Seguido de Cuando las Cortes de Cádiz... 15ª ed. Madrid, Escelícer, 1949. Sello de "Leopoldo Gumpert Libros", General Aranda, 23, Tetuán.

Mi Jesús. Devocionario que ofrece a los niños el P. Luís Ribera, misionero hijo del Corazón de María. 23ª ed. Madrid, Editorial Coculsa, 1952. 240 p. Libro muy evocador, sobre todo por sus inconfudibles ilustraciones, para la gente de mi edad.

Los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola, anotados por el M. R. P. Juan Roothaan, S.J. Introducción y traducción de las notas con nueve apéndices por el R.P. Teodoro Toni, S.J. 3ª ed. revisada, anotada y enriquecida con el Directorio. Zaragoza, Editorial Hechos y Dichos, 1959. 504 p. Jan Philipp Roothaan (1785-1853) fue Superior General de los Jesuítas, autor de la versión latina de los Exercitia spiritualia S.P. Ignatii de Loyola. Versio litteralis ex autographo hispanico notis illustrata.

Thomas A Kempis (1418), The Imitation of Christ. A new translation from the original latin, to which are added practical reflections and a prayer at the end of each chapter. Sydney, Pellegrini & Co., 1959. 558 p. Imprimatur, Mechliniae [Malinas, Mecheln], die 15 Augusti 1959, L. Suenens, vic. gen. En piel.

Santa Teresita del Niño Jesús (1898), Manuscritos autobiográficos (Historia de un alma). Traductor R.P. Emeterio G. Setién de J.M., carmelita descalzo. 2ª ed. Burgos, El Monte Carmelo, Col. "Archivo Silveriano de historia y espiritualidad carmelitana", 1959. 544 p. Incluye la introducción de la edición francesa de los Manuscrits autobiographiques de Sainte Thérèse de l'Enfant Jésus, à l'Office central de Lisieux, 1956, de le Père carme François de Sainte Marie, y nota crítica con el dictamen de peritos. No conozco ninguna edición moderna en castellano más digna y noble (hoy suele publicarse de manera muy ordinaria), así que esta es la edición que prefiero, en la que ya he vuelto a releer la Historia de un alma. Lo único que me molesta es que se llame "Santa Teresita" a Sainte Thérèse, que era toda una mujer. Eso no es entender su historia. Thérèse escribia desde su presente de mujer religiosa, no desde su pasado de niña. Tampoco hay que confundir la infancia espiritual con el infantilismo.

Josephus Gredt, O.S.B. (1899), Elementa philosophiae aristotelico-thomisticae. Editio decima tertia recognita et aucta ab Euchario Zenzen O.S.B. Volumen II. Methaphysica - Theologia Naturalis - Ethica. Herder, Barcinone, MCMLXI. 535 p. Perteneció a un seminarista, luego párroco, que aún vive, en un pueblo de la sierra sur de Sevilla.

M. J. Rouët de Journel, S.I. (1911), Enchiridion Patristicum, loci S.S. Patrum, doctoru scriptorum ecclesiasticorum, quos in usum scholarum collegit... Editio vicesima secunda. Novo appendice aucta. Barcinone, Herder, MCMLXII. 818 p. Repertorio patrístico en latín y griego.

Karl Adam (1949), Jesucristo. Barcelona, Herder, 1964. 304 p. Me parece anticuado.

Romano Guardini (1937), El Señor. Traducción de Francisca Palau-Ribes Casamitjana. Madrid, Ediciones Rialp, Preciados 44, 1965. Dos vol., 552+430 p. Otra edición que prefiero, en volúmenes pequeños y manejables, a la aparatosa moderna de Ediciones Cristiandad.

Luís Sánchez Agesta (dir.), Situación y revisión contemporánea del marxismo. Madrid, Centro de Estudios Sociales de la Santa Cruz del Valle de los Caídos (col. "Anales de Moral Social y Económica", vol. 13), 1966. 248 p.

Antonio Royo Marín, Teología de la esperanza. Respuesta a la angustia existencialista. Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1969. 248 p. Autor que me parece escolástico en exceso.

Miguel Oliver Román (dir.), Hombre magnánimo y libre. Homenaje al Cardenal José Mª Bueno Monreal con motivo de sus 78 años de vida, 56 de sacerdocio, 37 de episcopado, 23 de cardenalato y 28 años de gobierno en la archidiócesis de Sevilla. Sevilla, Centro de Estudios Teológicos, 1983. 515 p. Volumen colectivo de contribuciones de teólogos, escrituristas, canonistas... Presentación del arzobispo Carlos Amigo Vallejo, y "semblanza de un hombre de iglesia", de Antonio Montero, Obispo de Badajoz. Aún conservo en la retina haber visto este libro recién publicado, cuando estudiante, en la vitrina de la antigua librería de Pascual Lázaro de la calle Francos, que hace unos días ha recordado el veterano periodista Luís Carlos Peris [Diario de Sevilla]. Soy mucho más joven que Peris, y no es por señalar [Joly], pero yo también me acuerdo muy bien de la librería de Pascual Lázaro, donde compré mis primeros libros. Cerró en 1998.

José María Javierre (1963), Don Marcelo de Sevilla. 2ª edición. Salamanca, Ediciones Sígueme, 1992. 662 p. Biografía ilustrada del cardenal Marcelo Spínola (1835-1906).

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08 septiembre 2017

Mi agosto en El Jueves

Camilo José Cela, en su espléndida guía de Barcelona, o Caleidoscopio callejero, marítimo y campestre de C.J.C. para el reino y ultramar, que se acaba de reeditar con motivo del centenario [EdelViento], se refiere también al zoco dominical de libros viejos del Mercado de San Antonio. Ahí dice, refiriéndose a la compra de libros de lance, que pasa como en los toros, que para ver una buena media verónica te tienes que tragar todas las corridas de la temporada. Por experiencia lo sé, pues soy visitante de ese particular zoco nuestro de Sevilla que es El Jueves. Pero si hago balance de los últimos años, puedo decir que no me ha ido mal, aunque no me haya encontrado ningún incunable ni cosa rara, y que la mayoría de los jueves haya vuelto de vacío o con un mamotreto que no me sirve. En fin, este verano he aprovechado que los competidores, incluídos los ojeadores de los libreros anticuarios, estaban en las playas, y he hecho mi particular agosto. El lector juzgará, repasando la lista de las que yo estimo las 10 mejores adquisiones, que casi justifican las compras de todo el año. Siento no poder detenerme a comentar cada libro, lo que me llevaría muy lejos, limitándome a anotar la ficha catalográfica, que ordeno por antigüedad. Tan sólo añadiré, por si hubiese algún mal pensado, que los coleccionistas no sólo compramos, sino que también leemos. Yo he disfrutado las tardes de verano leyendo la biografía de Marco Tulio, y el ensayo de Virginia Woolf.

1.- Ch. Lyon-Caen & L. Renault, Manuel de Droit Commercial. Quatrième Édition. Paris, F. Pichon éditeur, 1896. 870 p. Tiene exlibris de un diplomático español.

2.- Emilio Otto y Gustavo Kordgien, Gramática sucinta de la lengua francesa, acompañada de numerosos ejercicios para uso de principiantes. 4ª edición refundida por F. Tanty. Heidelberg, Julio Groos, 1904. 210 p. En las guardas, mapas a dos tintas de Francia y de París. Después de un siglo, esta gramática sigue reeditándose [Herder].

3.- Francisco Cambó, Las dictaduras. Madrid, Espasa Calpe, 1929. 246 p.

4.- Maffio Maffii (1935), Cicerón y su drama político. Traducción de Agustín Esclasáns. Barcelona, Iberia - Joaquín Gil Editor, 1942. 480 p. 16 láminas.

5.- José María Pemán y Miguel Herrero, Suma poética. Amplia colección de la poesía religiosa española. Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1944. 670 p. El ejemplar ha perdido las guardas. Hay una reedición fotostática reciente [BAC].

6.- Francisco Javier Conde, El saber político en Maquiavelo. Madrid, Institutuo Nacional de Estudios Jurídicos, 1948. 282 p. Esta primera edición se vendía en su momento a 45 pesetas.

7.- Instituto de Estadística de la Universidad de Oxford, La economía sin paro forzoso (The economics of full employment: six studies in applied economics / prepared at the Oxford University Institute of Statistics, 1946). Traducción de Gonzalo Guasp y José Luís Sampedro. Introducción de Manuel de Torres. México, Aguilar, 1948. 338 p. El capítulo VI, "Un experimento sobre plena ocupación. La economía intervenida en Alemania (1933-1938)".

8.- Concepción Fernández Chicarro y de Dios, directora del museo (1951), Catálogo del Museo Arqueológico de Sevilla. Madrid, Dirección General de Bellas Artes ("Guías de los Museos de España", VII), 1969. 2ª ed. 126 p. LXVI láminas. Esta segunda edición ya aparece ilustrada con todos los honores con el Tesoro de El Carambolo, descubierto en el "Tiro de pichón" del término municipal de Camas, Sevilla en 1958. La directora participó en las excavaciones, según refiere Juan de Mata Carriazo.

9.- Virginia Woolf (1929), A room of one's own. London, The Hogarth Press, 1974. Conserva la sobrecubierta con diseño de Vanessa Bell, hermana de Virginia (exactamente la de la ilustración, de la pintora inglesa Debbie George). 172 p. Sin ser ninguna joya ni rareza, me parece un libro bonito. Un 10 en mi biblioteca.

10.- Gerhard von Rad (1970), Sabiduría en Israel. Madrid, Cristiandad, 1985. 408 p. Es la última traducción castellana, dirigida por Luís Alonso Schökel.

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14 julio 2017

Mi veraneo

Comienza a comenzar la desbandada
De la gente elegante, acaudalada:
Si no a playas y puertos todavía,
Pues no ha empezado aún la temporada,
Huyendo de este ardiente mediodía...
O día-entero-y-pleno, por lo ardiente,
Donde es tanto el calor que ya se siente
Que no acierta a decir la musa mía
Lo que le pasa al abrasador ambiente
Si es que se pone caro por lo raro,
O es que se pone raro por lo caro.
Yo, que no me meneo
De esta tierra del sol y de las flores,
He inaugurado ya mi veraneo.
Y para conjurar estos calores
Como los del desierto, abrasadores,
He sacado un billete ¡de primera!
Sí, señor: un billete de... escalera,
Y desde el alta esfera
Del principal, do paso la invernada,
En sólo una jornada,
Mediante la mudada
De lo más perentorio y lo más preciso,
Me he trasladado ayer al bajo piso.
(No he dicho piso bajo
Por costarme muchísimo trabajo
Hallarle consonante.
Perdón, pues, por el ripio, y adelante)!
Y aquí estoy tan campante,
Sentado en mi butaca de rejilla,
Con mi mesa sencilla,
(Claro que por delante)
Donde tengo papel, pluma y tintero:
Un cuco cenicero
Y... en él una colilla.
¡Este será, oh, lector, mi Sardinero
En el famoso puerto de Sevilla!

JUAN FRANCISCO MUÑOZ Y PABÓN, PBRO.
"Mi veraneo" (fragmento). De Lira cristiana (1919).

Juan Francisco Muñoz y Pabón (1866-1920), canónigo lectoral de la S.M. y P.I. Catedral de Sevilla. Tiene calle en la ciudad, la que sube desde la Alfalfa hasta el montículo de la iglesia de San Nicolás y la calle San José, lo que fue una de las puertas de la antigua judería. He encontrado un ejemplar de Lira cristiana en El Jueves. Sobre Muñoz y Pabón, con ocasión del CL aniversario de su nacimiento, Carlos Ros ha publicado una biografía, Juan Francisco Muñoz y Pabón, chispeante canónigo novelista [Ros].

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26 junio 2017

Un verano en la Alhambra

No sé qué libros me propongo leer este largo verano, aunque ya estoy entretenido con los Tales of the Alhambra, de Washington Irving. Ya fue lectura de mi niñez, en castellano. Ahora tengo la debilidad de releerlo en una vieja edición de la editorial granadina Padre Suárez, con una sobrecubierta muy sugestiva (la misma de la imagen), que tuve la fortuna de encontrar en El Jueves (nuestro rastro de cosas viejas, en Sevilla). No estaría mal seguir luego con ese libro de título tan gracioso, Gazpacho: or, summer months in Spain (1850), del viajero impertinente William George Clark [Iwasaki], que está reimpreso en facsímil [extramuros]. Y, por qué no, con otro igual de divertido, The Bible in Spain: or the Journey, Adventures, and Imprisonment of an Englishman in an Attempt to Circulate the Scriptures in the Peninsula (1843), de George Borrow, en un ejemplar sin pena ni gloria, pero al que tengo cariño, que encontré en una de esas inefables librerías de Charing Cross Road, en Londres. Por no salir de los casticismos, puede ser que me aventure más adelante en los Episodios nacionales (las dos últimas series) de nuestro gran Benito Pérez Galdós (el anglófilo Galdós, traductor juvenil del Pickwick). Para quien busque alguna recomendación más, y le dé por rebuscarlo en librerías de viejo (único lugar en que, incomprensiblemente, se encuentra disponible), recomiendo Mi infancia en Moscú : estampas de una nostalgia (1988), de José Fernández Sánchez [lne], que a mí me parece un librito notabilísimo, merecedor de ser reeditado con todos los honores en la colección de "Letras Hispánicas" de la editorial Cátedra. Por cierto, Fernández Sánchez (1925-2011), autor de una magnífica Historia de la bibliografía en España, también se ocupó de los Viajeros rusos por la España del siglo XIX [BNE].

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19 mayo 2017

Tres maestros sevillanos del derecho: Clavero, Olivencia, Merchán

Acaba de inaugurarse en la Plaza Nueva la FLS 2017 (la Feria del Libro de Sevilla), y me hago eco, como tengo por costumbre, de los libros vistos. En verdad, hoy que es viernes, me he estrenado con uno sensacional, de Antonio Merchán Álvarez: Universidad y Derecho en Sevilla durante el siglo XX. Contribuciones para su estudio (Editorial Universidad de Sevilla, 2016) [EUS]. El profesor Merchán (Sevilla, 1944), del que fui alumno en el curso primerizo 1982-1983, es hoy profesor emérito de historia del derecho en la Hispalense [sisius]. Discípulo de José Martínez Gijón, ha sido decano de la facultad (2006-2014). De sus clases recuerdo el rigor, y su afán de enseñarnos que los testimonios del derecho del pasado son invariables. Le gustaba, por ejemplo, contrastar la descripción del derecho de las guerras romanas, con noticias extraídas de Le Monde. Suya es también la excepcional monografía Doctores iuris de la Real Fábrica de Tabacos (2002) [EUS], que puede considerarse una auténtica historia de la facultad de derecho hispalense en la segunda mitad del siglo XX, durante su estancia en la entrañable "Fábrica de Tabacos" de la calle San Fernando, hasta el año 2008, que se trasladó a la "Pirotecnia" [Diario].

Anteayer, leo en la prensa [Diario], se ha celebrado en los Reales Alcázares, con presencia del Ministro de Justicia, el acto de entrega del VI premio Manuel Clavero, que se ha concedido este año a don Manuel Olivencia. Ambas figuras, Clavero y Olivencia, han sido maestros de incontables generaciones de juristas sevillanos, entre los que me cuento como uno más, uno de tantos. Me ha gustado leer la noticia, porque puedo presumir de haber recibido las lecciones de los dos, cuando la facultad todavía contaba con grandes maestros chapados a la antigua. Don Manuel Clavero Arévalo (Sevilla, 1926), catedrático de derecho administrativo y decano (1965-1968), discípulo de Carlos García Oviedo, goza de una feliz longevidad y merecidos honores de la clase jurídica. Fue Rector de la Hispalense (1971-1975). Pienso que ha sido uno de mis maestros. Sus clases fueron inolvidables, llenas de sabiduría, gracejo sevillano y anécdotas. Pero lo primero que recuerdan todos cuantos fueron sus alumnos, era su inconfundible timbre de voz, entonada con el habla propia del sevillano culto. De don Manuel Olivencia Ruiz (Ronda, 1929), discípulo de la escuela mercantilista de Joaquín Garrigues, también decano (1968-1971), conservo menos recuerdos como profesor, porque en aquel curso 1985-1986, en que comenzó a explicarnos las sociedades mercantiles, ya estaba comprometido en el cargo de Comisario de la Exposición Universal de Sevilla de 1992. Inolvidable su elegancia en el decir el derecho, recomiendo leer su discurso de agradecimiento del premio [Joly].

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15 mayo 2017

La literatura en andaluz

Decíamos que la novela norteamericana Adventures of Huckleberry Finn, del año 1885, de Mark Twain (pen name de Samuel Langhorne Clemens) es un auténtico landmark o jalón de la expresión literaria de los modos de hablar que se alejan de la lengua inglesa estándar. No es sin embargo esta novela ningún caso único, ni prístino, de la evocación en la escritura de los hechos sociolingüísticos. En una visita a la nueva librería sevillana La caótica, en la calle José Gestoso, he visto un nuevo libro que se acumula a los innumerables estudios de literatura chicana. En español, tendríamos que recordar el inmenso caudal de la literatura hispanoamericana, por ejemplo las novelas y cuentos de Julio Cortázar (pensemos en Rayuela), en que el autor reproduce el habla de Buenos Aires (recuérdese en las primeras páginas, el lema graciosísimo de César Bruto, sobre "Lo que me hubiera gustado ser a mí si no fuera lo que soy"). O de este lado del Atlántico, el habla madrileña en las novelas de Benito Pérez Galdós.

A poco que reflexionemos, el fenómeno de la intrusión del habla popular en la literatura culta se nos aparece como ubicuo, tan sólo limitándonos a nuestra lengua. Otro caso sobresaliente es el del judeoespañol, en el que hay muchos testimonios escritos, incluso un Quijote en sefardí, al que ya me he referido [aquí]. La representación escrita del habla desviada del estándar, es sin embargo una práctica universal, que ya se puede encontrar en las letras grecolatinas. Se dice, por ejemplo, que Platón, que antes de escribir diálogos socráticos ya se había estrenado como autor de teatro, reproduce en sus diálogos juveniles la peculiar forma de hablar de la gente de la calle. Los evangelistas siguieron también esta práctica literaria. San Marcos, autor del evangelio más antiguo, incrusta en su redacción expresiones arameas, como la de este pasaje célebre (Mc 5, 40-42): "Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba. La tomó de la mano y le dijo: «Talitá kum», que significa: «¡Niña, yo te lo ordeno, levántate». En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar".

El caso particular del habla andaluza no es ajeno a esta práctica. Sobre sociolingüística andaluza, hay que hacer mención del profesor Miguel Ropero Núñez (del que fui alumno en la universidad el curso 1981-1982), autor del pionero estudio El léxico caló en el lenguaje del cante flamenco (1978), que sigue reeditándose. Hay además un libro reciente, del profesor Francisco García Duarte (emigrado a Barcelona, nacido en Padul, Granada): La literatura en andaluz. La representación gráfica del andaluz en los textos literarios (que no he podido examinar). García Duarte quiere ver los primeros testimonios del andaluz escrito en la literatura costumbrista del siglo XVIII. Ejemplos muy conocidos de la literatura moderna, que a todos se nos vienen a la cabeza, es el teatro de los hermanos Álvarez Quintero (que pretendía reproducir el habla sevillana... para que se riese el público de Madrid). O el Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez, que de manera muy sensible calca la forma de hablar de los niños de las calles de Moguer.

Pero si el reflejo literario del habla popular es una práctica antigua, tanto como el de la literatura escrita, en castellano podemos adentrarnos hasta los testimonios poéticos más tempranos de nuestra lengua, en el siglo XI: las jarchas mozárabes (Samuel Miklos Stern: Les vers finaux en espagnol dans les muwassahs hispano-hébraïques. Une contribution à l'histoire du muwassah et à l'étude du vieux dialecte espagnol 'mozarabe', Al-Andalus Revista de las escuelas de estudios árabes de Madrid y Granada, XII (1948). El Quijote (1605), en sí mismo, es ya todo un monumento de las variedades lingüísticas de su tiempo, comenzando por el habla rústica, "prevaricadora", de Sancho Panza, o si descendemos al detalle, en la expresión graciosa del vizcaíno (I, 8): Anda, caballero que mal andes; por el Dios que crióme, que, si no dejas coche, así te matas como estás ahí vizcaíno... Sin embargo, y salvo que me falle la memoria, no se encuentra en todo el Quijote ninguna expresión lingüística que pueda calificarse de "andaluza". El caso es aún más llamativo, si repasamos la novela ejemplar, de ambiente sevillano, de Rinconete y Cortadillo. Explicar esta extraña ausencia del andaluz en Cervantes (él, de familia cordobesa, y criado en Sevilla), obliga a referirse a la diglosia andaluza (la situación en que el castellano es la norma culta, de prestigio, para expresarse por escrito, mientras que el habla andaluza es la que se emplea en la conversación doméstica y de la calle, la de todos los días). Cervantes tal vez no hablase andaluz (se educó en Madrid), pero oía hablar andaluz todos los días, cuando estuvo en Sevilla, escribiendo sus novelas o el Quijote. Hay que pensar que Miguel de Cervantes fue un escritor culto, que escribía para un público culto, aunque la materia narrativa fuese popular (como La gitanilla, o el Rinconete y Cortadillo). Para Cervantes, que escribía entonces en la rigurosa norma castellana (que era la suya propia de hablante), la forma de hablar del pueblo de Sevilla no sería pretexto para introducir ninguna parodia en sus relatos (como si lo era la de los vizcaínos), porque el andaluz era el medio en que se movía.

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11 mayo 2017

Mark Twain

"In this book a number of dialects are used, to wit: the Missouri negro dialect; the extremest form of the backwoods Southwestern dialect; the ordinary “Pike County” dialect; and four modified varieties of this last. The shadings have not been done in a haphazard fashion, or by guesswork; but painstakingly, and with the trustworthy guidance and support of personal familiarity with these several forms of speech. I make this explanation for the reason that without it many readers would suppose that all these characters were trying to talk alike and not succeeding."

Mark Twain : Adventures of Huckleberry Finn, 1885, "Explanatory".

El Huck Finn (leído en su inglés norteamericano), es un auténtico landmark o jalón de la expresión literaria de los fenómenos sociolinguísticos.  Samuel Clemens (el nombre civil del autor) se acostumbró en su niñez a oír hablar en los numerosos dialectos de la ribera del Mississippi River, lo que no le impedía expresarse como escritor en un inglés estándar correcto, claro y directo, que le hizo merecedor de multitud de honores (como este doctorado en letras de la Universidad de Oxford, Inglaterra).

Véase: Humberto López Morales : Sociolingüística [Gredos].

08 mayo 2017

Mi última visita al Museo del Prado

La primera vez que visité el Museo del Prado era chico, tenía siete años. Iba con mis padres y mi hermano. No tengo ningún recuerdo especial, tal vez el de ver el gran cuadro de Las Lanzas, o la impresión tremebunda que me produjeron las salas de Goya, tanta como (esto sí lo recuerdo mejor) la escena horrorosa de la cogida del torero Manuel Granero, en el Museo de Cera. Mi última visita al Museo del Prado ha sido esta noche. Yo iba en la comitiva del presidente Rajoy y la canciller Ángela Merkel. El pretexto era ver el retrato de una menina de Velázquez. Pero yo no vi nada. Entré en un largo vestíbulo, como el de la terminal T4 del aeropuerto, y empecé a recorrer pasillos y subir y bajar escaleras mecánicas como en el metro. Me perdí, no conocía a nadie. Toda la gente hablaba y hablaba, y me pasaba de largo sin mirarme. Entonces me desperté y regresé de esta última visita onírica al museo. Eran las cinco de la mañana y estuve un rato apuntando los detalles del sueño.

No me gustan los museos, aunque mi ciudad, Sevilla, tiene algunos excelentes, que procuro visitar cada temporada: el Arqueológico, en la plaza de América (la "plaza de las palomas", le decimos nosotros), que ocupa un pabellón renacentista de la Exposición Universal del 29; o el Museo de Bellas Artes (en la plaza del Museo, al final de la calle Alfonso XII), antiguo convento de la Merced. Guardo un recuerdo imborrable de la visita escolar a la Torre de Don Fadrique, en la calle Santa Clara. Éramos niños y teníamos el arrojo de encaramarnos incluso por aquella escala de madera que alcanzaba a lo alto de la Torre, y que he visto que aún se conserva...


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06 abril 2017

Noticia de libros cofrades en la cuaresma de 2017

Un paseo por las librerías sevillanas, que yo casi reduzco ya a una visita de cortesía a la librería San Pablo de la calle Sierpes, nos trae esta cuaresma unas atractivas novedades en la materia de cofradías y de todo el cortejo popular y literario que acompaña a las procesiones de Semana Santa. Cuando parece que el tema estuviese ya en exceso trillado, nos hemos encontrado con excelentes libros nuevos, que bien es verdad que ya sólo se ocupan de temas muy al margen, como estos del vestir imágenes, o del labrado de canastillas. Pero antes que nada hay que aludir al pregón, que se publica todos los años, a pocas horas de pronunciarse. El de este año, que le ha tocado al joven periodista de Abc Alberto García Reyes, ha sido muy celebrado [elCorreo]. Pues bien, este año 2017 sobresale en el mostrador de novedades una monografía del profesor José Roda Peña [sisius]: Retablos itinerantes. El paso de Cristo en la Semana Santa de Sevilla, a la que la Diputación Provincial ha concedido el premio "Archivo Hispalense" [Diputación]. Aunque quizá llame más la atención otro libro, escrito al alimón por tres sevillanos expertos: El arte de vestir a la Virgen [Almuzara]. Nunca me hubiera imaginado que un asunto como este fuera a merecer todo un libro, escrito con mucha solvencia y documentación. Aunque parece que haya que esperar que se publiquen libros sobre casi cualquier asunto que toque de refilón las cofradías y procesiones.

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16 marzo 2017

Los recuerdos de Fernando Villalón, de Manuel Halcón

El otro día, en la librería del joven librero de viejo Daniel Cruz, en la sevillana a más no poder calle Boteros, Daniel, que ya me había vendido algún tomo suelto de las obras completas de Jaime Balmes en la B.A.C., tuvo la gentileza de mostrarme unos elegantones tomitos de las obras completas del padre Coloma, publicados por Razón y Fe. Entonces la conversación echó a volar. Yo le conté que he sido lector muy tardío de Pequeñeces, a pesar de que desde la niñez he visto rodar en casa la novelita. Creo que, lector ya adolescente, me tumbaba el ambiente de cursilería que la novela transpiraba desde las primeras páginas, y yo prefería leer antes, qué sé yo, a escritores entonces de moda como Stefan Zweig, o Pearl S. Buck. Pero al final, todo libro tiene su momento, y siendo lector que ya peina canas, creo que lo he leído en el momento oportuno para comprenderlo. No ha pasado de moda. Con el librero de viejo de la calle Boteros estuvimos comentando que muchos autores de los últimos tiempo (pongamos por ejemplo a Jaime Balmes), se encuentran inmerecidamente situados en un segundo escalón, siendo lecturas espléndidas. Claro que hoy los chavales, digitales nativos, a duras penas leen libros del primer escalón (digo yo por ejemplo el Lazarillo de Tormes), mucho menos entonces los del segundo. Uno de estos pueden ser los deliciosos Recuerdos de Fernando Villalón, de Manuel Halcón, publicados por vez primera en los Talleres de Rivadeneyra de Madrid en 1941 [Ricardo Gullón]. El aristócrata y escritor sevillano Manuel Halcón y Villalón-Daoíz (1900-1989) era primo del célebre ganadero y poeta (o viceversa) Fernando Villalón-Daoíz y Halcón (1881-1930), muerto pronto. Este librito de Recuerdos (en que aparece fugazmente el bandolero "el Pernales"), ha hecho inmortal (digamos con esa módica y transitoria inmortalidad que procuran las letras) al poeta Villalón. Es un librito de lectura deliciosa e inolvidable, y no sé si, como en el caso del padre Coloma, está ya instalado en el purgatorio del segundo escalón literario. Cada cierto tiempo alguien se acuerda que merece una reedición. Hoy, leyendo el periódico con el café, me he desayunado con la noticia de que la editorial Renacimiento de Abelardo Linares, ha decidido reeditar también estos Recuerdos. En la cubierta de la nueva edición (igual que en aquella vieja de Alianza del año 1969) aparece la célebre fotografía de Villalón fumando descabalgado, con la garrocha en la diestra. En fin, termino con un sucedido muy curioso, ya que soy sensible a las casualidades muy poco casuales [Jung]. Hace tan sólo un par de días estuve sobando mi ejemplar de los Recuerdos de Fernado Villalón (un libro de bolsillo como el de la imagen), que me trae buenos recuerdos de lectura, e incluso me entretuve en forrarlo, pensando en conservarlo para volverlo a leer. Hoy precisamente me encuentro con que se reedita. Esto es una causalidad, no una casualidad.

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06 marzo 2017

Al Cielo iremos los de siempre

La principal razón de estudiar latín es que hemos recibido un legado de saberes escritos en esa lengua. Pensemos, en un rápido recorrido mental, en Lucrecio, Séneca, o Agustín de Hipona, o en Erasmo, Martín Lutero, Luís Vives, o incluso Isaac Newton; o en el Corpus Iuris Civilis (matriz del derecho vigente), o en la Summa Theologiae de Santo Tomás de Aquino; o en la Biblia latina (tan antigua como el cristianismo mismo). Conmueve recordar a un gran prosista de la lengua, el pbro. Jaime Balmes, que para asegurar la difusión en todo el orbe católico de una de sus obras (la Filosofía elemental de 1847), se esfforzó en preparar él mismo su traducción al latín, que no logró completar antes de su muerte prematura en 1848.

Estos días, el latín vuelve a ser noticia en España, con la entrada en vigor de la 3ª edición del Misal en castellano [C.E.E.], traducción del Missale Romanum de Pablo VI (1969) [vat]. No es mi oficio la liturgia, puesto que soy un simple feligrés que se limita a ir a misa los domingos y fiestas de guardar; pero no quiero ahorrarme un comentario sobre una de las novedades más llamativas de este misal en castellano. Se ha retocado la fórmula de la consagración. Aquellas palabras: "Hic est enim calix sanguinis mei... qui pro vobis et pro multis effundetur...", hasta ahora y, desde el primer misal de 1970, se decían así en castellano: "... que será derramada por vosotros y por todos los hombres...". Pero el nuevo misal las ha vertido así: "... por vosotros y por muchos...". Los fieles del montón, como soy yo, se pueden interrogar entonces si es que el Mesías sólo vino a salvar a los más listos o a los más bonitos, o es que, como decía aquella señora del célebre chiste de Mingote, "porque al Cielo, lo que se dice ir al Cielo, iremos los de siempre".

Esto no ha sido cosa de los obispos españoles, sino del que fue papa Ratzinger, y viene de largo [Carta]. A mí me parece que es una regresión litúrgica. José Manuel Bernal, en su artículo "Pro vobis y por multis", flaco favor a la renovación litúrgica", lo explica muy bien [aquí], y me dispensa de más comentarios. Aunque me gustaría añadir ahora un par de notas, producto de la compulsa de algunas versiones bíblicas.

Multi (lat.), oi polloi (gr.), harabim (hbr.), son expresiones que pueden significar "muchos" o "todos". En la traducción hay que tener presente si esas expresiones están empleadas predicativa o distributivamente, y que 'mucho' es un término ambiguo en castellano. Luego, no puede pretenderse una traducción exacta, o "literal" (¿existe la traducción literal?). Y no hay que confundir la traducción literal con la versión calcada. Traducir el latín 'multi' por el castellano 'muchos', tal vez no sea una traducción fiel, ni siquiera literal; a lo sumo es un mal calco, casi de latín macarrónico.

Algunas versiones modernas de la Biblia son receptivas, en el pasaje del profeta Isaías, 53, 11-12 (antecedente de la fórmula de la institución de la Eucaristía) a una traducción más conforme con el sentido bíblico originario. Hay que mencionar aquí la Bible de Jérusalem, en francés, y en castellano, la Biblia del peregrino (de J.L. Alonso Schökel), o la Biblia de Navarra ("llevó los pecados de las muchedumbres"). La Bibbia de la Conferenza Episcopale Italiana, publicada en el año 2003, traduce, como parece muy generalizado, "il giusto mio servo giustificherà molti" [CEI], aunque la edición impresa contiene una interesantísima nota al margen: "Il senso di 'molti' è discusso: alcuni pensano che debba essere riferito alla multitudine del popolo, altri, piuttusto, alla insieme delle nazioni".

La mayor de las sorpresas me la he llevado consultando la traducción de la Vulgata latina del P. Felipe Scío de San Miguel (Madrid, 1796). Poseo precisamente el tomo de la Prophecia de Isaías, que hace unos años tuve la fortuna de encontrar en un mercado de libros viejos. El P. Scío traduce Is 53,12 así: "Él cargó con los pecados de muchos, y por los trasgresores rogó". Hasta aquí, lo esperable. Lo sorprendente es la nota a pie de página, que invito a consultar, donde el P. Scío comenta: "Los pecados de muchos, de todos, como se usa freqüentemente en las Escrituras". Véase por tanto, que al menos un sabio escriturista de hace dos siglos ya tenía claro el sentido recto que debía darse al verso de Isaías: et ipse peccatum multorum tulit.

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13 febrero 2017

Divagaciones musicales

Algunas notas tenía en mis papeles, pero no he querido privilegiar ninguna. Prefiero divagar, sea sobre música, o sobre filosofía, o sobre teología, lo mismo da. Comienzo. El fin de semana supe del fallecimiento de José Luís Pérez de Arteaga [La Razón]. Tuve que enterarme precisamente oyendo la radio, Radio Clásica. Para la gente de mi generación Pérez de Arteaga ha sido como un ángel tutelar en las horas de estudio, tedio o soledad. Desde que éramos estudiantes lo escuchábamos en Radio Nacional. Cuando un hombre así muere, no nos debe invadir ni la nostalgia ni la melancolía, sino un sentimiento de amplio agradecimiento, por las horas que ha dedicado a sus oyentes. Además, Pérez de Arteaga ha legado a la cultura española un libro espléndido, un tratado sobre la vida, obra y discografía de Gustav Mahler [El Cultural].

Acabo de leer la "biografía breve" (vita brevis) de Martín Lutero, debida al historiador, especialista en historia de la orden agustiniana, Rafael Lazcano [San Pablo]. Escrita con suma elegancia, y de lectura grata. Presenta a un Martín Lutero sin apasionamiento (si esto es posible). A mi me ha abierto el apetito de leer la otra gran biografía en castellano, la antigua de Ricardo García Villoslada SJ [BAC]. Pero no lograremos ponernos de acuerdo sobre el "luteranismo". Tengo la impresión de que en aquel conflicto pesaron sobre todo motivos políticos. Si no hubiese sido Martín Lutero habría sido otro profesor de Wittenberg. Precisamente este domingo se ha leído (en las iglesias católicas) el capítulo 5 del evangelio de San Mateo, sobre la Ley: Nisi abundaverit iustitia vestra plus quam scribarum et pharisaeorum, non intrabitis in regnum caelorum. ¿Qué es la Ley, qué es la Justicia? Nada de lo que se piensa vulgarmente. Por eso dice: Sit autem sermo vester: “Est, est”, “Non, non”; quod autem his abundantius est, a Malo est. Sí, sí, no, no... Nada que ver con los letrados palabreros y leguleyos.


Una aguda inquietud sobre la Ley y la Justicia me ha llevado también estos días a releer ese diálogo tan instructivo de Platón, el Gorgias (en la traducción de Julio Calonge). ¿De qué trata el Gorgias? Aunque parece cuestión discutida, pienso que no ofrece ninguna dificultad responder: trata de la moralidad en la política. No puedo hacer más que recomendar que se lea el diálogo, si fuese posible de un tirón, una tarde, para no restarle el efecto intelectual que buscaba darle el maestro. Sócrates dice (cito muy de memoria) que el político debe hacer buenos a los ciudadanos. Hay que ser justos (yo diría que "equilibrados"), moderados, decididos. Y sufrir injusticia antes que cometerla. Por muy diversas razones se dice que este diálogo de Gorgias es de los más modernos de Platón. La moralidad pública (¿qué hacen nuestros gobernantes, y por qué?) es una cuestión palpitante. El diálogo comienza sometiendo a juicio a los tiranos (se pone como ejemplo al macedonio Arquelao, cuya historia nos parece mil veces contada, hasta nuestros días) y termina enjuiciando a los demócratas (con Pericles a la cabeza, acusado de corrupción). En este momento, yo resumiría el Gorgias diciendo que nos presenta dos versiones de la política: la política real (testimoniada por el interlocutor Calicles), en que predominan las pasiones y los intereses, y la política ideal (defendida por Sócrates), que debe obedecer a los principios morales. ¿Qué versión es la más verdadera? Después de leer, cerramos nuestro libro, y nos ponemos a reflexionar. Platón no nos impone una respuesta, aunque seduce con un bello "relato verdadero" sobre el juicio de ultratumba, donde cada uno recibirá su premio o castigo merecido.

Y ya que he terminado con mis divagaciones musicales, me voy con la música a otra parte.

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